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Biogás Generación de Energía

Desde 1752, cuando Ben Franklin hizo volar su cometa en una tormenta, la electricidad ha impulsado la mayoría de las principales innovaciones industriales y tecnológicas de uso común hoy en día. En consecuencia, cuanto más se extendían las aplicaciones de la electricidad, más intensa era la búsqueda y explotación de recursos naturales para alimentar la generación eléctrica. Sin embargo, un siglo de este esfuerzo expansivo cobró un precio en la salud de la atmósfera global: la quema de combustibles fósiles provocó la liberación masiva de dióxido de carbono que podría afectar destructivamente nuestro clima. Una solución prometedora a este fenómeno preocupante es un mayor énfasis en la generación de energía a partir de biogás.

Uso de energía en EE. UU. y el mundo

Durante el último medio siglo, el consumo mundial de electricidad se ha más que triplicado, según estadísticas compiladas por el Banco Mundial. En los Estados Unidos de América, Texas lidera en términos de generación neta: 483,201,031 kilovatios-hora en 2019, según la Administración de Información Energética de EE. UU. Con los coches eléctricos y otras tecnologías alimentadas por baterías en el horizonte, la demanda de energía eléctrica probablemente aumentará aún más. Actualmente, la gran mayoría de la electricidad producida en los Estados Unidos se obtiene mediante combustibles fósiles. Del 17 por ciento de electricidad generada con fuentes renovables, la hidroeléctrica y la eólica producen la mayor parte.

En qué se diferencia el biogás

Para entender la generación de energía a partir de biogás, es importante establecer una distinción entre biogás y biomasa. Ambos tienen su origen en materia orgánica — astillas de madera, cultivos, vegetación, compost y residuos, por ejemplo. Sin embargo, mientras que la biomasa produce energía mediante la combustión directa de dichos materiales, el proceso de producción de gas a partir de biogás es de múltiples etapas y más gradual. Cuando la materia orgánica se aísla del oxígeno, se somete a digestión anaeróbica. Esto ocurre a medida que bacterias muy específicas comienzan a descomponer los compuestos químicos y a formar otros nuevos. En reacciones químicas posteriores, se forman los gases finales de dióxido de carbono (CO₂) y metano (CH₄). El CH₄ resultante es — tras su purificación y procesamiento — el componente combustible.

Obtener electricidad del biogás

La electricidad a partir de biogás se puede generar de manera muy similar a como se hace con el gas natural. Un motor de combustión lo quema como combustible, produciendo energía mecánica. Basándose en el principio de inducción electromagnética, el movimiento mecánico se convierte en electricidad cuando se forma un campo magnético a través de la interacción de componentes móviles y estacionarios. Aunque el biogás se consume como un combustible fósil, no se libera CO₂ nuevo. Esto se debe a que solo emite el CO₂ que la materia orgánica habría liberado si se hubiera dejado descomponer por sí misma. Además, el digestato restante, es decir, la materia sobrante al final del proceso de generación de biogás, tiene demanda como fertilizante rico y nutritivo para cultivos agrícolas. No hace falta decir que estas virtudes promueven el biogás como un medio superior para producir electricidad mientras se preserva el medio ambiente.

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